Se acerca la máxima fiesta del fútbol mundial, la fase final de la Copa Mundial FIFA, a jugarse en Suráfrica, sede inédita para este tipo de competencia. Allí, en el continente africano, 32 selecciones nacionales lucharán, palmo a palmo y pelota a pelota, por levantar el que seguramente es el trofeo deportivo mas deseado y celebrado por la humanidad.
Lamentablemente, esta nueva edición del máximo torneo deportivo del Globo, no contará con la presencia de nuestra selección nacional. No obstante el evidente y esperanzador crecimiento del fútbol venezolano, todavía ese crecimiento no ha alcanzado para poder obtener uno de los 4 cupos y medio que se otorgan en las eliminatorias mas difíciles del mundo, como lo son las eliminatorias sudamericanas.
Sin embargo, si alguien tiene la percepción que la ausencia de la vinotinto del Mundial disminuye en un ápice la atención y fanatismo del venezolano por este evento, pues es justo decir acá que dicha percepción no puede estar más errada. Al contrario, cualquier extraterrestre que llegara a nuestras tierras en plena competencia mundialista apostaría lo que fuera a que este simpático país está no solo compitiendo en la cita futbolística, sino que además somos tan buenos jugando, que hasta incluso nos damos el lujo de tener varios equipos en el certamen.
Veamos el escenario. Un día cualquiera del Mundial. Se enfrentan Brasil y Portugal. Las calles de todo un país se encuentran vacías. Abundan las camisas verdeamarellas y rojas, así como las banderas de ambos países. Los locales y restaurantes no alcanzan para tanta gente. Salen los equipos a la cancha y la emoción se desborda. Suena el "A Portuguesa" y las lágrimas corren por las mejillas. Retumba el "Patria Amada Brasil" y el coro es ensordecedor. Se produce el primer gol del partido y los gritos de celebración llegan a cubrir 3 cuadras a la redoma. Se termina el partido y ya no se podrá circular tranquilamente por ninguna calle de la ciudad: los fanáticos se apoderan de las mismas para bailar y celebrar la victoria de sus adorados colores.
Pero no se equivoquen. La escena descrita no se corresponde con lo observado en Río de Janeiro, Lisboa, Porto o Sao Paulo. Efectivamente, en estas ciudades seguramente correrá el vino o la caipirinha, según sea el resultado. No obstante, el escenario planteado se corresponde con lo visto en cualquier ciudad de nuestra querida y especial Venezuela. Dicha escena es reiteradamente repetida a lo largo de todo el campeonato, sin importar cuales sean los rivales que se enfrenten.
Este fenomeno, el cual no se repite en ninguna otra parte del mundo, es algo que nos ha caracterizado y que en la mayoría de los casos no puede ser entendido por la mayoría de las personas ajenas a nuestra particular idiosincracia, cuando no motivo de algunas burlas por parte de los mismos.
Pero no se necesita ser ajeno a nuestro gentilicio para quedarse completamente sorprendido de la "pasión futbolística" de muchos venezolanos. Somos muchos los nacidos en esta tierra que no terminan de digerir como es eso de que Pedro Perez, tan criollo como la arepa, durante un mes se convierte en un verdadero "english man in Caracas", ataviado de pies a cabeza con la camisa blanca de su Majestad, con el nombre atrás estampado de "Lampard", y con la bandera flageada británica en la antena de su carro ( a pesar de que dicha bandera no existe para la FIFA claro, pero bueno, eso es lo de menos). Casi que el pana Pedro se pone a beber té todas las tardes a las 4 y cantar el "God Save The Queen". Por cierto, durante el Mundial no se le puede llamar Pedro, sino "Peter".
Tampoco se entiende mucho eso de que, María Tovar, nacida en la muy criolla y populosa parroquia caraqueña de Catia, se convierta, por obra y gracia de la Copa Mundial, en una autentica "ragazza" italiana. María sale ataviada todos los días con la azurra, se conoce al pelo todos los jugadores mediterraneos, (hasta los que no fueron convocados), se dedica a enarbolar con orgullo el tricolor italiano cada vez que el tetracampeón mundial sale a la cancha, y claro, llora de emoción cuando suena el "Fratelli d´Italia", aunque en realidad, ella no puede ni tatarearlo. Pero no se equivoquen, ella tiene sangre italiana, porque la abuela de su tatarabuela era originaria de algun pueblecito de por aquellos lados, aunque dicha ascendencia no se vea por ningún lado de su estirpe familiar, claro.
¿Y que decir del pana Fernando? Fernando es, efectivamente, hijo de un inmigrante venido de Portugal y tiene parientes en ambos lados del océano. Nacido y criado en Venezuela, el joven no puede ser mas criollo. Habla como venezolano, se comporta como venezolano, disfruta de las playas y bellezas que solo se encuentran de este lado del oceáno como buen venezolano, se educó como venezolano, trabaja en una empresa venezolana, tiene novia venezolana y sus mejores amigos son venezolanos. Hasta insulta como venezolano. Pero cuando llega el Mundial, olvídense del tango que Gardel murió. Fernando es tan portugués como Luis de Camoes. Fernando viste su carro con el escudo inmenso de la Federación Portuguesa de Futbol, enarbola su bandera bicolor y hasta es capaz de caerse a golpes en la calle con algún "francés" o "brasileño" que se consiga en el camino. De hecho, si le preguntan, él no es venezolano, él es un portugués que vive en Venezuela.
Y así como estos personajes, podrían encontrarse muchisimos más. De todas las nacionalidades y colores. Pareciera que durante el Mundial, se verifica una especie de licencia de "desvenezolanización" en las personas, para asumir la nacionalidad que mejor se acomode a sus particulares gustos. Así, se pueden encontrar desde "italianos", "españoles" "portugueses" y "brasileños" (los mas numerosos) hasta "serbios", "franceses" "suizos" y "argentinos". Los que tienen menos demanda son los equipos africanos y asiaticos, si bien un gran porcentaje de nuestra población tendrá, como no, algún ascendiente en su familia venido del continente negro.
Cuando el extraterrestre venido de otro planeta, o el musiú ajeno a nuestro gentilicio, o incluso el nacido en esta tierra que no termina de entender esta "particularidad del venezolano", preguntan la razón de tanta solidaridad internacional y amor con la representación futbolística de otros países, son muchas las razones que se esgrimen, desde la consabida relación de consanguinidad con esos lares, hasta la cruda afirmación de "es que Venezuela no clasificó".
Sin querer entrar en detalles sobre que razón puede llevar a los ciudadanos de un país a romperse la garganta e hinchar por los colores de otros países, se debe tener claro que Venezuela es un país de inmigrantes. En este sentido, salvo que uno tenga una estirpe familiar incolume y pura desde las tribus indígenas que poblaban nuestro territorio, es claro y no necesita mayor análisis que en este país, absolutamente TODOS sus ciudadanos tienen vínculos de consanguinidad con varias partes del mundo. O como decían por allí, cada venezolano tiene un canario y un negro metido en su ascendencia. Fenómeno que se repite y es propio no solo de América, sino de la misma Europa. ¿O es que acaso los españoles del sur no tienen por allí metidos en su familia algún árabe de aquellos que dominaron la Península por mas de 1000 años?. En este sentido, el vínculo de consanguinidad no pareciera ser razón suficiente para armar tal bochinche en el país.
Sin embargo, lo sorprendente del fenómeno no radica allí. Está bien, aceptemos que tanto el pana Peter, como la ragazza María, así como el luso Fernando, sigan y se corten las venas por sus respectivos colores. Cualquiera podría argumentar entonces, que en realidad son tan fanáticos del fútbol, que ciertamente, tienen la necesidad de canalizar esa pasión de esa forma, dada la ausencia de su país del Mundial. Porque, claro, si Venezuela estuviera en el Mundial, ellos jamás "osarían" vestir otra camisa que la Vinotinto de sus amores, la cual seguramente tendrán en su closet a la espera de tiempos mejores.
Pero, porque siempre hay un pero, tal situación no es exactamente así. Porque resulta que cuando le dices a Peter para ir a un estadio de fútbol nacional a apoyar a nuestro deporte, el pana te pone tal cara de asco que hasta a tí te da pena haberle hecho esa pregunta. Cuando le dices a la linda María, vestida con su camisa azurra y con los cacheticos pintados del tricolor italiano, que en fecha tal juega la Vinotinto, y que esperas que ese día ella vista su franela de Venezuela y se pinte esos lindos cacheticos con tu bandera, ella solo se ríe en tu cara. Y si le mencionas al pana Fernando que dentro de poco va a salir a la venta la nueva camisa vinotinto de fútbol, el tipo te dice, ataviado con su franela roja portuguesa de casi 600 Bs F: ¿ Y tú vas a gastar real en esa vaina?
Y esta reacción se puede encontrar en la inmensa mayoría de aquellas personas que, por miles, trancan las avenidas y calles de las principales ciudades de Venezuela durante el mundial. Ciudades que cuentan, después de la Copa América 2007, con los mejores estadios de fútbol de América, pero que sin embargo, domingo a domingo, los mismos permanecen vacíos, esperando a esa gente que no se cansa de celebrar los goles de jugadores nacidos a mínimo 3000 Km de distancia.
Y quizás esto sea lo que verdaderamente cause sorpresa en ese extraterrestre o en esa persona ajena a nuestro gentilicio, así como un poquito de rabia en los que sí nacimos en esta tierra. El peor desamor, no cabe duda, es el que viene de parte de los tuyos. Es increíble que esa pasión, esa fiebre futbolística, no pueda manifestarse de igual manera (ni siquiera mayor, sería mucho pedir) para nuestro maltratado fútbol. Los que estamos del otro lado de la baranda, solo pedimos un poco de coherencia y de lógica. Porque dirán lo que dirán, pero no es coherente, ni mucho menos lógico, que los ciudadanos de un país celebren, armen caravanas y tranquen calles por los triunfos deportivos de los ciudadanos de otros países, pero ese mismo apoyo no se presta nunca para el fútbol de tu país. Esa, sencillamente, no existe en ningún lado. ¿Se imaginan ustedes a los escoceces celebrando un triunfo de Inglaterra en el Mundial, solo porque forman parte de la misma nación británica? Les aseguro que el escocés que salga a una calle de Glasgow con la cruz de San Jorge no vuelve vivo a su casa. (y estamos hablando de una de las naciones mas "civilizadas" de La Tierra).
Y lo peor es que cuando se hace mención de esta situación, te dicen de todo: "no seas loco nacionalista", "fanático intolerante", "resentido envidioso". Es decir, invitar a tener un poco de lógica y de coherencia en estos tiempos del Mundial, es sinónimo, en esta Tierra de Gracia, de envidia, resentimiento e intolerancia. Evidentemente, esta gente no sabe mucho de lo que el término "intolerante" significa actualmente en el mundo del fútbol. Y envidia sí hay un poco, como no. Pero envidia de no tener la afición que tiene una Argentina, una España, una Costa Rica o una Escocia. Una afición que disfruta del fútbol y del Mundial, pero que en caso de que su selección no clasificara, nunca se quitarían sus propios colores para pintarse los de otros países.
¿Exageración? puede ser. Pero recuerden que incluso esa pasión que sienten muchos compatriotas por los colores de otros países se ha manifestado, incluso en juegos donde estuvo directamente involucrada la selección nacional o equipos nacionales. ¿Alguien puede olvidar aquel Venezuela-Argentina para las eliminatorias del Mundial de Alemania jugado en el Estadio Olímpico, donde un "aficionado" vestido con los colores albiceleste, saltó al campo en pleno partido para abrazar al jugador argentino Verón? No puedo imaginar siquiera la arrechera de los jugadores venezolanos que, partiendose el alma y sudando los colores de su país, tuvieron que presenciar semejante espectaculo en su propia casa. Por supuesto, el "aficionado" vestido con la camiseta argentina era venezolano. ¿Intolerancia entonces? Imaginense si esto mismo pasa en el Estadio Nacional de Santiago en un Chile-Argentina.
Tal vez los que estamos de este lado del asunto seamos unos exagerados. Tal vez esta situación sea, como cosa típica del venezolano, reflejo fiel de esa característica tan propia de hacer una rumba de todo lo que llegue. Tal vez el venezolano, en su ADN de fiesta, se sienta tan identificado con la máxima fiesta del fútbol mundial, que su forma inconsciente de querer pertenecer a ella, sea la de mutarse, cual camaleón, en cualquiera de los colores que tienen el privilegio de estar presente en ellas. Tal vez cuando Venezuela clasifique por fin a un Mundial dicho fenoméno se acabe. Tal vez, como no.
Lo que sí es cierto es que el venezolano, y con este término me refiero a TODOS los venezolanos, sean descendientes de italianos, españoles, libios, nigerianos, canarios, chilenos, primera, tercera o novena generación, da igual, deberían tomar prestado un poquito de esa pasión desbordada por nuestros hermanos del mundo, e invertirla un poco en lo que sí es realmente suyo. Sería un impulso verdaderamente gratificador para todos esos jóvenes venezolanos que domingo a domingo se parten el alma en las canchas nacionales, a los que visten y sudan la camiseta nacional en cualquiera de sus categorías, sentir un poco del cariño y de la pasión que sus compatriotas profesan por otras nacionalidades.
Y así, tal vez un día, motivado por ese apoyo del público, nuestro fútbol, llegado ya al punto ascendente definitivo de su desarrollo, pueda algún día formar parte de ese privilegiado grupo clasificado a la fase final de una Copa Mundial. Seguramente el día que eso ocurra, sí se justificarán entonces las calles y avenidas trancadas, las banderas tricolores ondeando en todas partes,los locales y bares abarrotados, la gente bailando y gritando el nombre de Venezuela hasta que se les rompan las gargantas. Las lágrimas en los rostros desbordadas al escuchar el Himno Nacional;las camisas vinotinto llenando todo el paisaje. La lógica y la coherencia volverán entonces, así sea un poco, a esta maltratada tierra.
Será ese el día entonces que, claro, el pana Peter seguirá sintiendo simpatía por el equipo de Su Majestad, la linda María no podrá olvidar a sus queridos italianos, y el pana Fernando seguirá siendo patria o muerte con la Portugal de sus padres y familia.
Pero cuando vuelvan a visitarnos aquel curioso extraterrestre, o el gentil caballero tan ajeno a nuestra nacionalidad, y vuelvan a preguntar a cual equipo le van en el Mundial, justo antes de cantar el "God Save The Queen", gritar el "Forza Azurra" o el "Força Portugal", ellos dirán, en un coro que se escuchará desde el Cabo San Román hasta la confluencia de los ríos Barima y Mururuma: VINOTINTO SOY!!!!!....
Lamentablemente, esta nueva edición del máximo torneo deportivo del Globo, no contará con la presencia de nuestra selección nacional. No obstante el evidente y esperanzador crecimiento del fútbol venezolano, todavía ese crecimiento no ha alcanzado para poder obtener uno de los 4 cupos y medio que se otorgan en las eliminatorias mas difíciles del mundo, como lo son las eliminatorias sudamericanas.
Sin embargo, si alguien tiene la percepción que la ausencia de la vinotinto del Mundial disminuye en un ápice la atención y fanatismo del venezolano por este evento, pues es justo decir acá que dicha percepción no puede estar más errada. Al contrario, cualquier extraterrestre que llegara a nuestras tierras en plena competencia mundialista apostaría lo que fuera a que este simpático país está no solo compitiendo en la cita futbolística, sino que además somos tan buenos jugando, que hasta incluso nos damos el lujo de tener varios equipos en el certamen.
Veamos el escenario. Un día cualquiera del Mundial. Se enfrentan Brasil y Portugal. Las calles de todo un país se encuentran vacías. Abundan las camisas verdeamarellas y rojas, así como las banderas de ambos países. Los locales y restaurantes no alcanzan para tanta gente. Salen los equipos a la cancha y la emoción se desborda. Suena el "A Portuguesa" y las lágrimas corren por las mejillas. Retumba el "Patria Amada Brasil" y el coro es ensordecedor. Se produce el primer gol del partido y los gritos de celebración llegan a cubrir 3 cuadras a la redoma. Se termina el partido y ya no se podrá circular tranquilamente por ninguna calle de la ciudad: los fanáticos se apoderan de las mismas para bailar y celebrar la victoria de sus adorados colores.
Pero no se equivoquen. La escena descrita no se corresponde con lo observado en Río de Janeiro, Lisboa, Porto o Sao Paulo. Efectivamente, en estas ciudades seguramente correrá el vino o la caipirinha, según sea el resultado. No obstante, el escenario planteado se corresponde con lo visto en cualquier ciudad de nuestra querida y especial Venezuela. Dicha escena es reiteradamente repetida a lo largo de todo el campeonato, sin importar cuales sean los rivales que se enfrenten.
Este fenomeno, el cual no se repite en ninguna otra parte del mundo, es algo que nos ha caracterizado y que en la mayoría de los casos no puede ser entendido por la mayoría de las personas ajenas a nuestra particular idiosincracia, cuando no motivo de algunas burlas por parte de los mismos.
Pero no se necesita ser ajeno a nuestro gentilicio para quedarse completamente sorprendido de la "pasión futbolística" de muchos venezolanos. Somos muchos los nacidos en esta tierra que no terminan de digerir como es eso de que Pedro Perez, tan criollo como la arepa, durante un mes se convierte en un verdadero "english man in Caracas", ataviado de pies a cabeza con la camisa blanca de su Majestad, con el nombre atrás estampado de "Lampard", y con la bandera flageada británica en la antena de su carro ( a pesar de que dicha bandera no existe para la FIFA claro, pero bueno, eso es lo de menos). Casi que el pana Pedro se pone a beber té todas las tardes a las 4 y cantar el "God Save The Queen". Por cierto, durante el Mundial no se le puede llamar Pedro, sino "Peter".
Tampoco se entiende mucho eso de que, María Tovar, nacida en la muy criolla y populosa parroquia caraqueña de Catia, se convierta, por obra y gracia de la Copa Mundial, en una autentica "ragazza" italiana. María sale ataviada todos los días con la azurra, se conoce al pelo todos los jugadores mediterraneos, (hasta los que no fueron convocados), se dedica a enarbolar con orgullo el tricolor italiano cada vez que el tetracampeón mundial sale a la cancha, y claro, llora de emoción cuando suena el "Fratelli d´Italia", aunque en realidad, ella no puede ni tatarearlo. Pero no se equivoquen, ella tiene sangre italiana, porque la abuela de su tatarabuela era originaria de algun pueblecito de por aquellos lados, aunque dicha ascendencia no se vea por ningún lado de su estirpe familiar, claro.
¿Y que decir del pana Fernando? Fernando es, efectivamente, hijo de un inmigrante venido de Portugal y tiene parientes en ambos lados del océano. Nacido y criado en Venezuela, el joven no puede ser mas criollo. Habla como venezolano, se comporta como venezolano, disfruta de las playas y bellezas que solo se encuentran de este lado del oceáno como buen venezolano, se educó como venezolano, trabaja en una empresa venezolana, tiene novia venezolana y sus mejores amigos son venezolanos. Hasta insulta como venezolano. Pero cuando llega el Mundial, olvídense del tango que Gardel murió. Fernando es tan portugués como Luis de Camoes. Fernando viste su carro con el escudo inmenso de la Federación Portuguesa de Futbol, enarbola su bandera bicolor y hasta es capaz de caerse a golpes en la calle con algún "francés" o "brasileño" que se consiga en el camino. De hecho, si le preguntan, él no es venezolano, él es un portugués que vive en Venezuela.
Y así como estos personajes, podrían encontrarse muchisimos más. De todas las nacionalidades y colores. Pareciera que durante el Mundial, se verifica una especie de licencia de "desvenezolanización" en las personas, para asumir la nacionalidad que mejor se acomode a sus particulares gustos. Así, se pueden encontrar desde "italianos", "españoles" "portugueses" y "brasileños" (los mas numerosos) hasta "serbios", "franceses" "suizos" y "argentinos". Los que tienen menos demanda son los equipos africanos y asiaticos, si bien un gran porcentaje de nuestra población tendrá, como no, algún ascendiente en su familia venido del continente negro.
Cuando el extraterrestre venido de otro planeta, o el musiú ajeno a nuestro gentilicio, o incluso el nacido en esta tierra que no termina de entender esta "particularidad del venezolano", preguntan la razón de tanta solidaridad internacional y amor con la representación futbolística de otros países, son muchas las razones que se esgrimen, desde la consabida relación de consanguinidad con esos lares, hasta la cruda afirmación de "es que Venezuela no clasificó".
Sin querer entrar en detalles sobre que razón puede llevar a los ciudadanos de un país a romperse la garganta e hinchar por los colores de otros países, se debe tener claro que Venezuela es un país de inmigrantes. En este sentido, salvo que uno tenga una estirpe familiar incolume y pura desde las tribus indígenas que poblaban nuestro territorio, es claro y no necesita mayor análisis que en este país, absolutamente TODOS sus ciudadanos tienen vínculos de consanguinidad con varias partes del mundo. O como decían por allí, cada venezolano tiene un canario y un negro metido en su ascendencia. Fenómeno que se repite y es propio no solo de América, sino de la misma Europa. ¿O es que acaso los españoles del sur no tienen por allí metidos en su familia algún árabe de aquellos que dominaron la Península por mas de 1000 años?. En este sentido, el vínculo de consanguinidad no pareciera ser razón suficiente para armar tal bochinche en el país.
Sin embargo, lo sorprendente del fenómeno no radica allí. Está bien, aceptemos que tanto el pana Peter, como la ragazza María, así como el luso Fernando, sigan y se corten las venas por sus respectivos colores. Cualquiera podría argumentar entonces, que en realidad son tan fanáticos del fútbol, que ciertamente, tienen la necesidad de canalizar esa pasión de esa forma, dada la ausencia de su país del Mundial. Porque, claro, si Venezuela estuviera en el Mundial, ellos jamás "osarían" vestir otra camisa que la Vinotinto de sus amores, la cual seguramente tendrán en su closet a la espera de tiempos mejores.
Pero, porque siempre hay un pero, tal situación no es exactamente así. Porque resulta que cuando le dices a Peter para ir a un estadio de fútbol nacional a apoyar a nuestro deporte, el pana te pone tal cara de asco que hasta a tí te da pena haberle hecho esa pregunta. Cuando le dices a la linda María, vestida con su camisa azurra y con los cacheticos pintados del tricolor italiano, que en fecha tal juega la Vinotinto, y que esperas que ese día ella vista su franela de Venezuela y se pinte esos lindos cacheticos con tu bandera, ella solo se ríe en tu cara. Y si le mencionas al pana Fernando que dentro de poco va a salir a la venta la nueva camisa vinotinto de fútbol, el tipo te dice, ataviado con su franela roja portuguesa de casi 600 Bs F: ¿ Y tú vas a gastar real en esa vaina?
Y esta reacción se puede encontrar en la inmensa mayoría de aquellas personas que, por miles, trancan las avenidas y calles de las principales ciudades de Venezuela durante el mundial. Ciudades que cuentan, después de la Copa América 2007, con los mejores estadios de fútbol de América, pero que sin embargo, domingo a domingo, los mismos permanecen vacíos, esperando a esa gente que no se cansa de celebrar los goles de jugadores nacidos a mínimo 3000 Km de distancia.
Y quizás esto sea lo que verdaderamente cause sorpresa en ese extraterrestre o en esa persona ajena a nuestro gentilicio, así como un poquito de rabia en los que sí nacimos en esta tierra. El peor desamor, no cabe duda, es el que viene de parte de los tuyos. Es increíble que esa pasión, esa fiebre futbolística, no pueda manifestarse de igual manera (ni siquiera mayor, sería mucho pedir) para nuestro maltratado fútbol. Los que estamos del otro lado de la baranda, solo pedimos un poco de coherencia y de lógica. Porque dirán lo que dirán, pero no es coherente, ni mucho menos lógico, que los ciudadanos de un país celebren, armen caravanas y tranquen calles por los triunfos deportivos de los ciudadanos de otros países, pero ese mismo apoyo no se presta nunca para el fútbol de tu país. Esa, sencillamente, no existe en ningún lado. ¿Se imaginan ustedes a los escoceces celebrando un triunfo de Inglaterra en el Mundial, solo porque forman parte de la misma nación británica? Les aseguro que el escocés que salga a una calle de Glasgow con la cruz de San Jorge no vuelve vivo a su casa. (y estamos hablando de una de las naciones mas "civilizadas" de La Tierra).
Y lo peor es que cuando se hace mención de esta situación, te dicen de todo: "no seas loco nacionalista", "fanático intolerante", "resentido envidioso". Es decir, invitar a tener un poco de lógica y de coherencia en estos tiempos del Mundial, es sinónimo, en esta Tierra de Gracia, de envidia, resentimiento e intolerancia. Evidentemente, esta gente no sabe mucho de lo que el término "intolerante" significa actualmente en el mundo del fútbol. Y envidia sí hay un poco, como no. Pero envidia de no tener la afición que tiene una Argentina, una España, una Costa Rica o una Escocia. Una afición que disfruta del fútbol y del Mundial, pero que en caso de que su selección no clasificara, nunca se quitarían sus propios colores para pintarse los de otros países.
¿Exageración? puede ser. Pero recuerden que incluso esa pasión que sienten muchos compatriotas por los colores de otros países se ha manifestado, incluso en juegos donde estuvo directamente involucrada la selección nacional o equipos nacionales. ¿Alguien puede olvidar aquel Venezuela-Argentina para las eliminatorias del Mundial de Alemania jugado en el Estadio Olímpico, donde un "aficionado" vestido con los colores albiceleste, saltó al campo en pleno partido para abrazar al jugador argentino Verón? No puedo imaginar siquiera la arrechera de los jugadores venezolanos que, partiendose el alma y sudando los colores de su país, tuvieron que presenciar semejante espectaculo en su propia casa. Por supuesto, el "aficionado" vestido con la camiseta argentina era venezolano. ¿Intolerancia entonces? Imaginense si esto mismo pasa en el Estadio Nacional de Santiago en un Chile-Argentina.
Tal vez los que estamos de este lado del asunto seamos unos exagerados. Tal vez esta situación sea, como cosa típica del venezolano, reflejo fiel de esa característica tan propia de hacer una rumba de todo lo que llegue. Tal vez el venezolano, en su ADN de fiesta, se sienta tan identificado con la máxima fiesta del fútbol mundial, que su forma inconsciente de querer pertenecer a ella, sea la de mutarse, cual camaleón, en cualquiera de los colores que tienen el privilegio de estar presente en ellas. Tal vez cuando Venezuela clasifique por fin a un Mundial dicho fenoméno se acabe. Tal vez, como no.
Lo que sí es cierto es que el venezolano, y con este término me refiero a TODOS los venezolanos, sean descendientes de italianos, españoles, libios, nigerianos, canarios, chilenos, primera, tercera o novena generación, da igual, deberían tomar prestado un poquito de esa pasión desbordada por nuestros hermanos del mundo, e invertirla un poco en lo que sí es realmente suyo. Sería un impulso verdaderamente gratificador para todos esos jóvenes venezolanos que domingo a domingo se parten el alma en las canchas nacionales, a los que visten y sudan la camiseta nacional en cualquiera de sus categorías, sentir un poco del cariño y de la pasión que sus compatriotas profesan por otras nacionalidades.
Y así, tal vez un día, motivado por ese apoyo del público, nuestro fútbol, llegado ya al punto ascendente definitivo de su desarrollo, pueda algún día formar parte de ese privilegiado grupo clasificado a la fase final de una Copa Mundial. Seguramente el día que eso ocurra, sí se justificarán entonces las calles y avenidas trancadas, las banderas tricolores ondeando en todas partes,los locales y bares abarrotados, la gente bailando y gritando el nombre de Venezuela hasta que se les rompan las gargantas. Las lágrimas en los rostros desbordadas al escuchar el Himno Nacional;las camisas vinotinto llenando todo el paisaje. La lógica y la coherencia volverán entonces, así sea un poco, a esta maltratada tierra.
Será ese el día entonces que, claro, el pana Peter seguirá sintiendo simpatía por el equipo de Su Majestad, la linda María no podrá olvidar a sus queridos italianos, y el pana Fernando seguirá siendo patria o muerte con la Portugal de sus padres y familia.
Pero cuando vuelvan a visitarnos aquel curioso extraterrestre, o el gentil caballero tan ajeno a nuestra nacionalidad, y vuelvan a preguntar a cual equipo le van en el Mundial, justo antes de cantar el "God Save The Queen", gritar el "Forza Azurra" o el "Força Portugal", ellos dirán, en un coro que se escuchará desde el Cabo San Román hasta la confluencia de los ríos Barima y Mururuma: VINOTINTO SOY!!!!!....

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