"En una noche tan linda como ésta..". Así comenzaba (o comienza) el estribillo de la canción que identifica a uno de los más importantes eventos que se realizan en Venezuela. Es el concurso donde confluye "la belleza de la mujer venezolana", o por lo menos eso es lo que intentan vender los numerosos patrocinantes de esta "competición," especie de guerra a muerte donde se mezclan bisturíes, tacones, sonrisas falsas, dietas, bolsillos de papá, de mamá o de ambos, contactos, más sonrisas falsas, y...más bisturíes.
Así, cada año, por una noche, se le muestra al país las representaciones más fideidignas de la feminidad venezolana. Para alguien como yo, venezolano y heterosexual, es verdaderamente sorprendente y motivo de eterno agradecimiento a mi Señor, el comprobar como en mi país, la mujer venezolana es un mujerón de 1,78 mínimo de estatura, con tetas sospechosamente perfectas y una cinturita que buehh...además de tener una carita y una sonrisa que casi rayan en la perfección. Y si a eso le agregamos que de ese concurso han salido no sé cuantas Miss Universo, bueno, el escenario está completo. Viva la Mujer Venezolana Carajo!!!!....
Claro, el detalle es que, pasada la euforia televisiva, y cuando se le echa un poco de coco a la cuestión, uno se va dando cuenta de ciertos asunticos que no cuadran del todo. Por lo menos en mi caso. Yo conozco varias mujeres, venezolanas, como no, pero ninguna pasa del 1,70 de estatura (salvo mi querida amiga Cristina, la cual es hija de alemanes y creo que mide 1,73 o algo así). Tampoco tienen esa cinturita que salen en TV, y mucho menos tienen esas caritas tan perfectas que harían palidecer a cualquier cuadro de Chagall. Muchas veces me he preguntado si no es demasiada "mala suerte" la mía, el vivir en Venezuela, y no conocer a una mujer típica de acá. Ni modo, como que solo conozco excepciones a la regla: chiquitas, no tan flaquitas y un poquito más mestizas.
Pero bueno, mientras sigo en mi búsqueda de la mujer típica venezolana, puedo decir que las excepciones que he conocido hasta ahora no me disgustan del todo. Puedo decir de hecho, con absoluta convicción que las mujeres más hermosas que he conocido, si bien no son lo más cercano al biotipo venezolano, sí han podido llamar mi atención desde otro punto de vista. Mujeres no tan perfectas, no tan altas, no tan bellas, pero sí con chispa, con picardía, con inteligencia, que seducen sin seducir, y que sin seducir, seducen. Mujeres echadas para adelante, que no necesariamente dependen de la aprobación de un jurado ni la habilidad de un cirujano para poder triunfar en lo que se propongan. Sin entrar en muchos detalles, baste con decir que, por lo menos en mi percepción personal, la belleza de la mujer, y sobre todo de la venezolana, no puede ser medida exclusivamente por un casting dirigido por la imagen oficial de Tiendas Traki (valga la cuña).
Con esa "atípica" mujer venezolana me volví a topar hace dos noches. Bueno, lo de "mujer" es un decir. En realidad fue con unas adolescentes, no mayores de 17 años. No eran misses reconstruidas. Mucho menos tenían la estatura promedio del biotipo venezolano y además, muchas de ellas eran sospechosamente más oscuritas de lo que uno está acostumbrado a observar en las "mujeres criollas" según los inefables concursos de bellezas. No obstante, en 90 minutos y un poquito más, cargaron sobre sus todavía no completamente desarrollados hombros, la esperanza y la ilusión de todo un país. Lo peor es que, paradójicamente, el 80% de ese país ni siquiera sabían de su existencia, por lo menos hasta ese día.
Y es que, cuando la Selección Nacional de fútbol de Venezuela Sub-17 femenino, salió del vestuario rumbo al pasillo reservado solo a los grandes de éste deporte, no solo estaban reinvindicando, tal como lo hicieron hace ya casi un año en Egipto los jóvenes de la Sub-20 masculina, al fútbol venezolano. También estaban reivindicando, de una u otra forma, a la mujer venezolana, a esa que no tiene cabida en ningún casting de "belleza", pero que sin embargo, se faja, de sol a sol, todos los días de su vida, de la forma que sea, por mantener a sus chamos, a su casa y a su trabajo.
Y es que cuando esas chamitas, ataviadas completamente del glorioso vinotinto, esperaban en la antesala del partido, al lado de las gigantonas de Nueva Zelanda, mirando hacia adelante con la frente en alto, llenas de orgullo y ansiosas por salir a comerse la cancha, estaban reproduciendo, sin lugar a dudas, la misma escena que se repite a diario en millones de hogares venezolanos, donde la mujer contempla su propio día a día sin bajar el rostro, dispuesta a salir a comerse al mundo, sin importar lo difícil que éste se pueda presentar.
Y cuando esas niñas saltaron a la cancha, y abrazadas entonaron el Himno Nacional a todo pulmón, simbolizaron a todas esas mujeres que han dado su vida y luchado por un mejor país para todos. A todas esas madres que le han inculcado el amor de patria y el amor a su tierra a sus hijos, de generación en generación. A todas esas mujeres que todavía le enseñan con orgullo a sus chamos la tan venezolana costumbre de pedir "la bendición".
Y una vez comenzado el partido, y ante el inicial nerviosismo e incertidumbre, se vino el gol de las altas y fornidas neozelandesas. Con el 0-1 en contra, y con Nueva Zelanda jugando mejor, las futuras mujeres venezolanas sacaron de su ADN toda esa carga histórica de lucha ante la adversidad que caracteriza a la mujer de por estos lados. Esa mujer que levanta un hogar sola, que hace milagros con el mercado, que espera horas para ser atendida en una maternidad. Que se levanta a las 3 de la mañana para tener que agarrar 3 autobuses y llegar a tiempo a su trabajo. Con esa garra, fueron capaces de voltear el marcador ante un equipo que lucía superior, y con dos golazos de la superhermosa morenita Isaura Viso (una crack en potencia), pusieron las cosas en su lugar: las mujeres de Nueva Zelanda no solo no son más bonitas que las venezolanas, sino que tampoco son más luchadoras, por lo menos por ese día.
La celebración al pitazo final del partido fue el corolario perfecto para tan emocionante jornada. Allí estaban ellas, un puñado de jóvenes venezolanas saltando y besando su camiseta vinotinto, no solo felices de regalarle un triunfo a su atribulado país, tan necesitado de éstas buenas noticias, sino sobre todo, reivindicando de una u otra forma, a esa mujer pequeña, no tan flaquita y no tan carita perfecta, que jamás será tomada en cuenta por Osmel Souza y compañía.
La noticia de este triunfo de la mujer venezolana no fue titular de primera plana en casi ningún diario al día siguiente. Bueno, tal vez el hecho de ser niñas no ayuda. Tampoco ayuda el hecho de que dicho triunfo no sea de la tradicional "belleza de la mujer venezolana" . Quien sabe. Tampoco observé en los FB ni en los Twitter ninguna referencia masiva (sobre todo de mis buenas amigas "atípicas" venezolanas) a este hecho. Mas relevancia tuvo en su momento la no clasificación de una Miss al cuadro de 15 finalistas. Cosas de la venezolanidad, puede ser.
Lo único cierto es que la noche del día 06 de septiembre de 2010 pasará a la historia no solo como el día en que una selección mundialista venezolana femenina obtuvo su primera victoria en una Copa Mundial FIFA, sino que será, sobre todo, una fecha que recordará que la mujer venezolana es mucho más que reinas de belleza, tetas, narices y sonrisitas operadas. Como una fecha que, de una u otra forma, reivindica, un millón de veces más que un concurso de belleza, a esa mujer bregadora que puebla esta Tierra de Gracia.
"En una noche tan linda como ésta"...
Así, cada año, por una noche, se le muestra al país las representaciones más fideidignas de la feminidad venezolana. Para alguien como yo, venezolano y heterosexual, es verdaderamente sorprendente y motivo de eterno agradecimiento a mi Señor, el comprobar como en mi país, la mujer venezolana es un mujerón de 1,78 mínimo de estatura, con tetas sospechosamente perfectas y una cinturita que buehh...además de tener una carita y una sonrisa que casi rayan en la perfección. Y si a eso le agregamos que de ese concurso han salido no sé cuantas Miss Universo, bueno, el escenario está completo. Viva la Mujer Venezolana Carajo!!!!....
Claro, el detalle es que, pasada la euforia televisiva, y cuando se le echa un poco de coco a la cuestión, uno se va dando cuenta de ciertos asunticos que no cuadran del todo. Por lo menos en mi caso. Yo conozco varias mujeres, venezolanas, como no, pero ninguna pasa del 1,70 de estatura (salvo mi querida amiga Cristina, la cual es hija de alemanes y creo que mide 1,73 o algo así). Tampoco tienen esa cinturita que salen en TV, y mucho menos tienen esas caritas tan perfectas que harían palidecer a cualquier cuadro de Chagall. Muchas veces me he preguntado si no es demasiada "mala suerte" la mía, el vivir en Venezuela, y no conocer a una mujer típica de acá. Ni modo, como que solo conozco excepciones a la regla: chiquitas, no tan flaquitas y un poquito más mestizas.
Pero bueno, mientras sigo en mi búsqueda de la mujer típica venezolana, puedo decir que las excepciones que he conocido hasta ahora no me disgustan del todo. Puedo decir de hecho, con absoluta convicción que las mujeres más hermosas que he conocido, si bien no son lo más cercano al biotipo venezolano, sí han podido llamar mi atención desde otro punto de vista. Mujeres no tan perfectas, no tan altas, no tan bellas, pero sí con chispa, con picardía, con inteligencia, que seducen sin seducir, y que sin seducir, seducen. Mujeres echadas para adelante, que no necesariamente dependen de la aprobación de un jurado ni la habilidad de un cirujano para poder triunfar en lo que se propongan. Sin entrar en muchos detalles, baste con decir que, por lo menos en mi percepción personal, la belleza de la mujer, y sobre todo de la venezolana, no puede ser medida exclusivamente por un casting dirigido por la imagen oficial de Tiendas Traki (valga la cuña).
Con esa "atípica" mujer venezolana me volví a topar hace dos noches. Bueno, lo de "mujer" es un decir. En realidad fue con unas adolescentes, no mayores de 17 años. No eran misses reconstruidas. Mucho menos tenían la estatura promedio del biotipo venezolano y además, muchas de ellas eran sospechosamente más oscuritas de lo que uno está acostumbrado a observar en las "mujeres criollas" según los inefables concursos de bellezas. No obstante, en 90 minutos y un poquito más, cargaron sobre sus todavía no completamente desarrollados hombros, la esperanza y la ilusión de todo un país. Lo peor es que, paradójicamente, el 80% de ese país ni siquiera sabían de su existencia, por lo menos hasta ese día.
Y es que, cuando la Selección Nacional de fútbol de Venezuela Sub-17 femenino, salió del vestuario rumbo al pasillo reservado solo a los grandes de éste deporte, no solo estaban reinvindicando, tal como lo hicieron hace ya casi un año en Egipto los jóvenes de la Sub-20 masculina, al fútbol venezolano. También estaban reivindicando, de una u otra forma, a la mujer venezolana, a esa que no tiene cabida en ningún casting de "belleza", pero que sin embargo, se faja, de sol a sol, todos los días de su vida, de la forma que sea, por mantener a sus chamos, a su casa y a su trabajo.
Y es que cuando esas chamitas, ataviadas completamente del glorioso vinotinto, esperaban en la antesala del partido, al lado de las gigantonas de Nueva Zelanda, mirando hacia adelante con la frente en alto, llenas de orgullo y ansiosas por salir a comerse la cancha, estaban reproduciendo, sin lugar a dudas, la misma escena que se repite a diario en millones de hogares venezolanos, donde la mujer contempla su propio día a día sin bajar el rostro, dispuesta a salir a comerse al mundo, sin importar lo difícil que éste se pueda presentar.
Y cuando esas niñas saltaron a la cancha, y abrazadas entonaron el Himno Nacional a todo pulmón, simbolizaron a todas esas mujeres que han dado su vida y luchado por un mejor país para todos. A todas esas madres que le han inculcado el amor de patria y el amor a su tierra a sus hijos, de generación en generación. A todas esas mujeres que todavía le enseñan con orgullo a sus chamos la tan venezolana costumbre de pedir "la bendición".
Y una vez comenzado el partido, y ante el inicial nerviosismo e incertidumbre, se vino el gol de las altas y fornidas neozelandesas. Con el 0-1 en contra, y con Nueva Zelanda jugando mejor, las futuras mujeres venezolanas sacaron de su ADN toda esa carga histórica de lucha ante la adversidad que caracteriza a la mujer de por estos lados. Esa mujer que levanta un hogar sola, que hace milagros con el mercado, que espera horas para ser atendida en una maternidad. Que se levanta a las 3 de la mañana para tener que agarrar 3 autobuses y llegar a tiempo a su trabajo. Con esa garra, fueron capaces de voltear el marcador ante un equipo que lucía superior, y con dos golazos de la superhermosa morenita Isaura Viso (una crack en potencia), pusieron las cosas en su lugar: las mujeres de Nueva Zelanda no solo no son más bonitas que las venezolanas, sino que tampoco son más luchadoras, por lo menos por ese día.
La celebración al pitazo final del partido fue el corolario perfecto para tan emocionante jornada. Allí estaban ellas, un puñado de jóvenes venezolanas saltando y besando su camiseta vinotinto, no solo felices de regalarle un triunfo a su atribulado país, tan necesitado de éstas buenas noticias, sino sobre todo, reivindicando de una u otra forma, a esa mujer pequeña, no tan flaquita y no tan carita perfecta, que jamás será tomada en cuenta por Osmel Souza y compañía.
La noticia de este triunfo de la mujer venezolana no fue titular de primera plana en casi ningún diario al día siguiente. Bueno, tal vez el hecho de ser niñas no ayuda. Tampoco ayuda el hecho de que dicho triunfo no sea de la tradicional "belleza de la mujer venezolana" . Quien sabe. Tampoco observé en los FB ni en los Twitter ninguna referencia masiva (sobre todo de mis buenas amigas "atípicas" venezolanas) a este hecho. Mas relevancia tuvo en su momento la no clasificación de una Miss al cuadro de 15 finalistas. Cosas de la venezolanidad, puede ser.
Lo único cierto es que la noche del día 06 de septiembre de 2010 pasará a la historia no solo como el día en que una selección mundialista venezolana femenina obtuvo su primera victoria en una Copa Mundial FIFA, sino que será, sobre todo, una fecha que recordará que la mujer venezolana es mucho más que reinas de belleza, tetas, narices y sonrisitas operadas. Como una fecha que, de una u otra forma, reivindica, un millón de veces más que un concurso de belleza, a esa mujer bregadora que puebla esta Tierra de Gracia.
"En una noche tan linda como ésta"...

No hay comentarios:
Publicar un comentario